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CANACO
Crónica periodística Crónicas periodísticas 2026 Ganador del segundo lugar

El hombre que llevó a Quintana Roo en una carta

Por Manuel Villanueva Enriquez

Portada de «El hombre que llevó a Quintana Roo en una carta»
Ganador del segundo lugar2

Resumen

Una crónica que nos cuenta la historia de Juan Villanueva Rivero, un comerciante clave en el desarrollo de Payo Obispo, quien impulsó el comercio y luchó por la restitución de Quintana Roo como Territorio Federal.

La crónica

Retrato de Juan Villanueva Rivero

A principios del siglo pasado, Payo Obispo tenía más calles de arena que casas de piedra, pero el comercio ya imaginaba una ciudad. Cada embarcación que cruzaba la bahía traía telas, herramientas, víveres, historias y familias dispuestas a quedarse, todas con la misma certeza de que este lugar del Caribe se convertiría en un lugar donde valiera la pena echar raíces. Los negocios abrían sus puertas con el sol, los compradores llegaban antes de que el calor cayera con fuerza sobre el pueblo y, al caer la tarde, las conversaciones terminaban siempre mirando hacia el muelle, porque allí comenzaba y terminaba la vida de todos. Los comerciantes entendieron muy pronto que prosperar era un esfuerzo compartido, porque el éxito de una tienda dependía de que el vecino también vendiera y de que hubiera caminos, embarcaciones y un puerto capaz de recibirlas. Así nació una comunidad donde el bienestar individual siempre caminó de la mano del progreso colectivo.

Entre aquellos hombres destacó Juan Villanueva Rivero. En la Casa Villanueva Rivero, una de las principales casas comerciales de Payo Obispo, bastaba abrir la puerta para saber cómo amanecería el pueblo. Si la bahía traía barcos, entraban clientes; si traía clientes, llegaban historias; y si llegaban historias, nacía algún negocio nuevo. Cuando fue elegido primer presidente de la Cámara Nacional de Comercio de Payo Obispo convirtió a la naciente organización en la voz del comercio organizado. Durante el gobierno del general Rafael E. Melgar, la CANACO logró los permisos que consolidaron el régimen de importación y Chetumal floreció con mercancías de la más alta calidad que atraían compradores de todos los rincones de la República. Décadas más tarde ese modelo desapareció con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, pero la Cámara siguió siendo un punto de encuentro para quienes creían en el desarrollo económico del sur.

Bajo ese mismo espíritu impulsó la construcción del muelle Nachi Cocom, levantado con el esfuerzo de comerciantes y habitantes que entendieron que un mejor puerto significaba más barcos, más mercancías y un horizonte más amplio para las familias que habían apostado su vida en esta tierra.

Entonces llegó la noticia que estremeció al sur: en 1931 Quintana Roo dejó de existir como Territorio Federal y la división entre Yucatán y Campeche cayó sobre Payo Obispo como un huracán silencioso. Los mapas cambiaron de un día para otro, pero nadie podía aceptar que una línea trazada desde un escritorio en el centro del País borrara el trabajo de generaciones enteras. En las tiendas y junto al puerto se repetía la misma pregunta: ¿Qué sería del comercio si desaparecía el territorio que le daba identidad?

Los comerciantes comprendieron que defender Quintana Roo era también defender el futuro de sus negocios, de sus trabajadores y de sus familias. De esa convicción nació el Comité Pro-Territorio Federal del cual Juan Villanueva fue pionero. Se organizaron reuniones, se sumaron voluntades y José Marrufo escribió una carta dirigida al general Lázaro Cárdenas, entonces candidato a la Presidencia de la República. La carta pedía la restitución del territorio, pero sobre todo retrataba a un pueblo que se resistió al olvido y que negaba a renunciar al destino que había construido con años de trabajo. Alguien tenía que llevar aquella carta hasta Mérida, pero nadie discutió demasiado el nombre y fue así que Juan Villanueva y Pedro Cervera emprendieron el viaje representando a cientos de comerciantes que permanecieron en Payo Obispo esperando noticias, mientras el puerto seguía abriendo sus negocios cada mañana como un acto de fe.

La respuesta tardó meses en llegar, pero finalmente llegó, y un 16 de enero de 1935, ya como presidente, Lázaro Cárdenas se promulgó el decreto que restituyó a Quintana Roo como Territorio Federal. La noticia volvió al sur con la velocidad de los grandes acontecimientos y recorrió el puerto de boca en boca hasta confundirse con el sonido de los “suestes” en la bahía.

Con el tiempo, Juan Villanueva impulsaría nuevas causas, entre ellas la creación de una escuela secundaria para las siguientes generaciones, pero quienes alcanzaron a conocerlo preferían recordar otro momento: Decían que, cuando salió de Payo Obispo rumbo a Mérida, llevaba un sobre como cualquier otro. Sin embargo, hubo quienes juraban que aquel papel pesaba más de lo que podía pesar una hoja, quizá porque dentro viajaban los nombres de los comercios que estaban dando vida al sur, quizá porque llevaba la esperanza de cientos de familias, de un pueblo con fe, pero lo cierto es que, sin saberlo en ese momento, Juan Villanueva llevaba a Quintana Roo en una carta.