Más allá de un negocio
Por Yarelly Guillén Vega
Resumen
Esta crónica es un homenaje a los negocios familiares y locales del sur de Quintana Roo, esos establecimientos que, además de generar ingresos y empleos, forman parte de la memoria, las tradiciones y la identidad de sus comunidades.
La crónica
La tienda de la esquina nos trae buenos recuerdos, sobre todo la que abrió el abuelo hace un par de décadas y ha pasado de generación en generación, donde mi madre compró pañales para mí y ahora los compro para mi hijo. Ha resistido los avances de la sociedad, las nuevas generaciones, los desbalances económicos y hasta los huracanes, fieles visitantes de nuestro estado; esa tienda ha sido cualquier cosa menos un simple negocio: incluso ha sido como un banco, pues en cualquier ocasión en que no completé unos pesos al hacer una compra fue cuando escuché “no hay problema, me lo trae después”.
Negocios que representan más que una fuente de ingresos, historias familiares construidas con esfuerzo y amor, con sacrificio y esperanza, han sido testigos de la evolución del sur del estado de Quintana Roo: la panadería donde aún amasan a mano, el taller mecánico donde el padre heredó sus conocimientos a su hijo, el restaurante que conserva las recetas de la abuela, guardadas en secreto, guardiana del sabor tradicional que solo podemos disfrutar en el sur de Quintana Roo, ese sabor tan delicioso que, cuando lo pruebas, hace que regresen los recuerdos de la infancia, te invita a regresar por más, a disfrutar, a recomendarlo, y te hace saber que estás en casa.
Sin embargo, mantener vivos estos negocios familiares no es tarea fácil: han tenido que reinventarse sin perder su esencia característica y conservar esa relación que trasciende lo comercial, esa relación de confianza y familiaridad.
Los negocios locales fortalecen nuestra economía y generan empleos; cada compra o consumo local representa un respaldo para una familia quintanarroense que ha apostado por permanecer y crecer en el sur del estado.
Tradiciones tan antiguas como tomar un agua de coco en el bulevar de Chetumal o unas empanadas de queso de bola en Calderitas, y otras nuevas como comprar artesanías en Tulum mientras paseas por el majestuoso Parque del Jaguar, convergen de manera casi espontánea.
Hoy, cuando el mundo cambia con tanta velocidad, estos negocios demuestran que, con perseverancia y de la mano de instituciones como la CANACO, trabajando en equipo, son parte de la memoria de Quintana Roo y un ejemplo de que las tradiciones también pueden evolucionar sin perder su esencia.
Detrás de cada negocio del sur de Quintana Roo hay una gran historia que merece ser contada.